Sí, ya sé que se ha hablado muchosobre este tema, sin embargo, las palabras y las acciones que se levantan enclamor de la justicia nunca están demás.
Se trata del caso de los tres jóvenes que fueron apresados enInvivienda, mientras realizaban un atraco, y posteriormente aparecieron muertos, con la explicación de la Policía Nacional de que se trató de "un intercambio de disparos".
Lo hago como una forma decompartir con ustedes la rabia y la indignación que sentí al ver esas imágenesen las que crudamente a tres seres humanos, ya golpeados y heridos, se lestrató como basura, arrastrándoles por el suelo y tirándolos como un trapo viejoen la parte trasera de unacamioneta.
Y es el quien de esta escena unode los aspectos más preocupantes, pues los maltratos fueron cometidos pormiembros de la Policía Nacional, una institución cuyo principal deber esproteger la integridad física de las personas, no reprimirlas como la granmayoría de ellos cree.
Por eso cuando hechos como estos suceden, y de fondotienen una turba de personas gritando: "matenlos, matenlos”, es el momento de hacer un alto en el camino ypreguntarnos: ¿hacia dónde nos conducimos como sociedad?
Y sé que muchas personasjustificarán los deseos de la turba y la actuación de los agentes policialescon el argumento de que los tres jóvenes eran delincuentes que habían robado,habían matado y que posiblemente ante cualquier complicación en ese mismoatraco hubiesen matado a alguien más.
Sin embargo, recordemos que a los“ladrones de cuello blanco”, quienes roban sumas superiores a las que sustraeeste tipo de delincuentes, no se lessomete a esta clase de vejaciones.
Asimismo, otros dirán que los policías estaban hartos y aburridos pues son muy mal pagados y están cansadosde arriesgar sus vidas por unos RD$ 7,000. Pero aunque la miseria explica, no justifica.
No obstante, creo que la reflexión debe trascender la condición delictiva de los muchachos y agresora delos agentes policiales, y extenderse hacia toda la sociedad dominicana que esla que está engendrando jóvenes delincuentes, policías agresores y personasdeseosas de hacer justicia por sus propias manos.
En el caso de los jóvenes y de los policías, aunque en un principio parecen de bandas contrarias, su desgracia proviene del mismo origen: la pobreza y las desigualdades sociales, las cuales limitan sus oportunidades educativas y laborales, y hace que vean la delincuencia y la violencia como las únicas salidas.
Ya respecto a la turba, su comportamiento revela sed de justicia y una falta de creencia en el sistema legal, que los hace pensar que si no espor la paliza de ese momento los delincuentes saldrán impunes.
Es así como este hecho evidencia una vez más la necesidad de reformar nuestra sociedad, de tener una República Dominicana más justa, más equitativa, donde los jóvenes de los barrios tambiéntengan oportunidades y donde quienes se sumen a las filas de la PolicíaNacional sean formados, se les conciencie sobre su verdadera labor y sutrabajo se dignifique a nivel de remuneración y reconocimiento social.
Mas sabemos que este caso no es ni el primero, ni el último, por eso quizás ya lo más importante no esestablecer por qué paso, sino preguntarnos: ¿Qué vamos a hacer para evitar quecasos como estos vuelvan a suceder?