SANTO DOMINGO, República Dominicana.- Mientras en su discurso ante la Asamblea Nacional el presidente Leonel Fernández se ufanaba en proclamar que la economía dominicana creció 5.3 por ciento en 2008 y la inflación sólo aumentó 4.5 por ciento, en las afueras del Congreso Nacional varios agentes militares de la Guardia de Honor se pasaban un mabí, de mano en mano.
Mareados por el sol, los militares, cuyo salario no supera los 4,500 pesos al mes, según explicaron algunos, habían mandado a comprar el mabí a un colmado cercano, con la intención de combatir el calor bajo el intenso sol que resplandecía fuera del edificio del Congreso.
Siete de los guardias que vestían de blanco se pasaron una botellita de agua de boca en boca para no deshidratarse. Ya algunos habían sufrido desmayos. Uno de los oficiales se condolió de la situación y mandó a buscar varias botellas de agua para que sus tropas pudieran soportar el sol hasta que concluyeron los actos de la Asamblea Nacional, que incluyeron el prolongado discurso de rendición de cuentas pronunciados del mandatario, de 45 cuartillas y de unas dos horas con 10 minutos.
Los militares habían rendido los honores de rigor al presidente Fernández a su llegada a las 10:03 de la mañana. El gobernante arribó acompañado de su esposa, doña Margarita Cedeño de Fernández, quien al igual que su esposo vestía de negro, pero portaba uno de sus ya característicos sombreros y una pequeña cartera con el símbolo de Chanel.
La pareja presidencial fue recibida por una comisión de senadores y diputados y por el vicepresidente Rafael Alburquerque y su esposa, Martha Montes de Oca.
La última vez que Alburquerque recibió al gobernante en la alfombra roja frente al Congreso fue el 16 de agosto pasado cuando ambos juraron por un nuevo mandato de cuatro años. En esa ocasión, el vicemandatario encabezó los actos de recibimiento bajo una intensa lluvia y afectado por un dengue clásico que después lo llevó a internarse varios días en la clínica Corazones Unidos.
La ocurrencia de Abelito
Como ocurre cada vez que el presidente Fernández va al Congreso, los integrantes de su gabinete se mostraron amables con los periodistas que cubren los actos y los abordan sobre diversos temas.
Vicente Bengoa, Melanio Paredes o Felipe (Jay) Payano estuvieron afables. Sin embargo, el consultor jurídico del Poder Ejecutivo, Abel Rodríguez del Orbe (Abelito), hizo gala de su eterna antipatía cuando se trata de responder a miembros de la prensa.
“Pero, déjame tranquilo cristiano”, dijo Abelito a un periodista, al que además le reclamó que lo dejara pasar y le recordó que no le interesaba el periódico para el que trabajaba, ni ningún otro medio.
Pero de todos los incidentes ocurridos en los actos del Congreso, sin duda quedará para la historia el protagonizado por el diputado del opositor Partido Revolucionario Dominicano (PRD), José Ulises Rodríguez. El legislador, que representa la provincia Santiago, interrumpió el discurso del presidente Fernández cuando intentó quejarse, en pleno acto, ante el representante de su hemiciclo, Julio César Valentín.
Rodríguez vociferó al Presidente que uno de los militares de su seguridad lo estaba agrediendo. El mandatario calló un momento y apeló a que los diputados recobraran la cordura para continuar su alocución.
Luego, el legislador explicó que quiso salir un momento de la Asamblea y se dio cuenta de que, aunque eso estaba prohibido, se le estaba permitiendo a militares invitados y algunos funcionarios, como el secretario de Obras Públicas, Víctor Díaz Rúa.
“Yo simplemente me paré a reclamar mi derecho tal como dice la Constitución a estar aquí hoy y a ver la rendición de cuentas del Presidente y a participar de la asamblea, y cuando me le acerque al militar para decirle que porqué a mi no me dejaban entrar y si a un militar uniformado que no estaba de servicio y al secretario de Obras Públicas, el militar intentó tomarme por el brazo, cosa a la que yo me negué”, dijo.
Aseguró que hizo el reclamo tras acercarse al militar con mucha discreción y plantearle el problema en voz baja. “Ahí fue donde el militar reaccionó y yo luego me senté, pero sí fue un atropello, un trato irrespetuoso, donde demuestra que los legisladores aquí no somos nada en el Congreso”, apuntó.
Insistió en que “me obligaron a entrar por la parte trasera, sin embargo a otros militares uniformados que vinieron como invitado y al Secretario de Obras Públicas también se le permitió salir cuando ellos decían que las puertas no se podían abrir”, insistió.